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Vigilancia epistemológica y muestreo

Hace unos días andaba yo por mi página de Twitter, y una de las personas a quién sigo publicó un comentario con toda su buena fe. Un amigo suyo estaba realizando un estudio para el máster que estaba cursando y el primero pedía a sus contactos que realizaran la encuesta online de su amigo que estaba colgada en una página web. Obviaré detalles sobre el objeto de estudio, pero diré que desde un punto de vista metodológico el estudio pretendía “tener un conocimiento del panorama actual de este sector [educativo]”. Es decir, que buscaba obtener información representativa sobre temas relacionados con formación. La estrategia muestral más adecuada para conseguir este objetivo es realizar un muestreo aleatorio. Y ahí radica el problema.

Pedir “voluntarios”, que serían captados entre nuestros contactos, para que realicen la encuesta de nuestro amigo significa violar de forma rotunda el criterio de aleatoriedad. ¿Por que? Es muy simple: los contactos se escogen a partir de las afinidades. Es decir, tendemos a tener amigos a los que les gustan las mismas cosas que nosotros: es evidente que los amigos no se escogen de forma aleatoria: al primero que pasa por la calle no se le pide que “sea nuestro amigo”. Sobre esto hay mucho escrito, y una de las mejores obras sobre el tema, que documenta sin ningún tipo de duda esta afirmación es La distinción: criterio y bases sociales del gusto, un tour de force obra de Pierre Bourdieu al que este científico social dedicó 15 años de investigación. Se trata de la segunda obra de ciencias sociales más importante de todos los tiempos según la ISA (International Sociological Association).

Desde un punto de vista metodológico optar por una estrategia muestral como pedirle a nuestros contactos de Twitter o Facebook que contesten a una encuesta -estrategia que desde un punto de vista metodológico es el equivalente a realizar un muestreo de bola de nieve- cuando debería realizarse un muestreo estrictamente aleatorio implica que la muestra obtenida no es representativa, lo que significa, desde el punto de vista de los resultados y las conclusiones a que llegue el estudio, que los datos no son fiables. Es decir, se violan los criterios de representatividad y fiabilidad. Poco podemos fiarnos de lo que diga ese estudio. Y esto simplemente por escoger mal la forma de captar a los sujetos de estudio y no pensarla con el necesario rigor ya que se introduce un claro sesgo que está documentado en cualquier manual de metodología de encuestas por muestreo: el llamado sesgo de selección.