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	<title>Xavier Gimeno Torrent</title>
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	<description>sociólogo y traductor</description>
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		<title>Percepción y violencia simbólica</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/percepcion-social-violencia-simbolica-5603</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Apr 2018 22:41:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Epistemología ciencias soc.]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología del conocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología del género]]></category>
		<category><![CDATA[Estructura social]]></category>
		<category><![CDATA[Machismo]]></category>
		<category><![CDATA[Percepción social]]></category>
		<category><![CDATA[Principios de visión y división]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia simbólica]]></category>
		<category><![CDATA[Visión androcéntrica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tradicionalmente el estudio de la percepción social de la realidad se ha abordado o bien desde la óptica de la demoscopia política de cómo define los más variados problemas sociales “la opinión pública”, o bien desde la psicología social analizando los procesos mentales que dan lugar a las imágenes de la realidad percibidas. Pero ninguna de estas perspectivas tiene en cuenta cómo las relaciones sociales de poder inciden en la percepción social. La sociología del conocimiento, con la centralidad que otorga a la relación entre la estructura social y los puntos de vista, puede paliar esta insuficiencia explicativa.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/percepcion-social-violencia-simbolica-5603">Percepción y violencia simbólica</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El estudio de la percepción social de los fenómenos más diversos es un clásico de las ciencias sociales. Se estudia la percepción social de la política, de la inmigración, de la juventud y sus problemas, de la delincuencia o, en general, la “seguridad” o “inseguridad ciudadana”, del paro, etc. En definitiva, como se puede observar, el foco de interés de esta clase de análisis no es otra cosa que como define lo que algunos llaman<span id="more-5603"></span> “la opinión pública” otro de los lugares comunes típicos a que los “poderes públicos”, o como se denomina actualmente los “gestores políticos”, suelen abocar a la ciencia social: los denominados “problemas sociales”.</p>
<p>Porque la óptica desde la cual se abordan mayoritariamente estos estudios de la percepción social de varias “cuestiones” colectivas, de cómo los definen los “electores”, suele ser el de la demoscopia política, el de los llamados estudios de opinión pública. Se trata de una perspectiva que pasa por ser neutra y objetiva. Es decir, sin observados ni observadores. Parecería que la definición de estos fenómenos sea independiente de las relaciones sociales. Que es la misma para todo el mundo. Que en cómo se percibe y se define la realidad no hay juegos de poder. La “realidad” es simplemente un dato aproblemático. Por ello, desde un punto de vista metodológico, esta aproximación está llena de porcentajes. De números. De valoraciones del 1 al 10, y de precisión. De niveles de confianza y de márgenes de error. Prima la exactitud de la foto conseguida, su nitidez, su definición, sin plantearse si salen todos sus protagonistas y ni tan siquiera si realmente esta es la foto que todos ellos harían de la realidad. El objetivo de estos estudios suele ser muy simple: “detectar” lo que para los mandantes son los “problemas sociales” más habituales y graves de forma que los mandatarios les puedan decir lo que, según los asesores políticos, quieren oír sus representados. Contar, clasificar, jerarquizar y construir un cuadro de los problemas sociales, saber cuáles son más importantes que otros para determinar la “demanda” de problemas y qué ofertas pueden venderles para solucionarlos.</p>
<p>En otras ocasiones, se recurre a la psicología social. El vínculo entre una cosa (psicología social) y la otra (la percepción de determinados fenómenos) sería muy evidente. Si se trata de estudiar la percepción social de los más variados hechos sociales, parecería perfectamente natural contar con la ayuda de aquella disciplina que se encarga de estudiar la conexión entre los procesos perceptivos y los objetos percibidos. Si bien este punto de vista parece bastante prometedor, tampoco plantea explícitamente el problema del poder. Aunque la óptica anterior ni lo presentía, en esta tampoco es la variable central. La percepción social bajo este punto de vista se basa en los mecanismos individuales de percepción. Aunque hay diferentes escuelas dentro de la psicología social al respecto (la psicología constructivista introduce variables como los factores sociales y culturales que inciden sobre lo que se percibe; mientras que para las corrientes más conductuales están menos presentes; la dinámica de grupos y las teorías del intercambio social pueden dar una cierta preeminencia a las relaciones sociales), predomina la explicación basada en los procesos mentales individuales a partir de los cuales nos hacemos una idea de la realidad. Para la psicología social, la percepción social es la forma que tenemos de captar la realidad. Nuevamente, como las relaciones de poder no son la variable explicativa central, no se considera cómo la realidad social incide en la forma como percibimos, sino a la inversa. Y, como veremos más adelante, esto es del todo ineludible. Pero no como se propugna habitualmente desde esta disciplina, que suele recurrir bastante a menudo a explicaciones <em>ad hoc</em> basadas en factores externos a la propia teoría (es decir, variables no psicológicas, muchas veces sociales sin denominarlas como tal) para explicar fenómenos perceptivos anómalos, que son etiquetados usualmente como “meros fallos” de atribución u anomalías de percepción que se deben considerar excepciones o errores perceptivos —suelen usarse denominaciones que suelen sugerir cualquier tipo de incongruencia durante el proceso de percepción—, sino que más bien la realidad social incide tan centralmente en los procesos perceptivos que la explicación psicológica no es que sea insuficiente, sino que es directamente subsidiaria de la basada en las relaciones sociales de poder para dar cuenta de los procesos de percepción social.</p>
<p>En resumen, en el primer caso, la percepción es un proceso comunicativo, y estos son los modelos que se utilizan para explicar la formación de las opiniones “públicas”. Para la psicología, la percepción es un proceso mental. Pero rara vez estos estudios se emprenden desde la sociología del conocimiento. Ya desde Marx en su <em>El dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte</em>, el vínculo indispensable entre las estructuras sociales y la formación de las ideas de todo tipo se puso de manifiesto. Es el principal activo de la sociología de cara a entender la percepción y la construcción social de las definiciones de los fenómenos sociales aún en nuestros días.</p>
<p>Bajo este punto de vista, la percepción no es un proceso independiente de la posibilidad socialmente definida de percibir. Es decir, depende de qué se percibe, de cómo se percibe, y de quién percibe. Así pues, la percepción no es ni un proceso psicológico aislado y socialmente neutro, como parecería que pretende la psicología, ni tampoco un acto comunicativo o una serie de procesos comunicativos como podría considerarse desde una perspectiva demoscópica abordada desde la conceptualización de lo que suele denominarse “opinión pública”. Tampoco es un dato aproblemático que se presente como dado por supuesto. La realidad percibida no es un dato, sino un dato permanentemente en liza. La lucha cognitiva por la definición de la realidad social es la lucha simbólica por excelencia. Por eso ni es ni puede ser un acto que tiene lugar al margen de las relaciones sociales de poder establecidas entre los agentes. Se trata de un proceso plenamente social —quizás el más social de todos y en el que se basan muchos mecanismos sociales— en que el poder es la variable central.</p>
<p>Más detalladamente, esta hipótesis central en la sociología del conocimiento, significa que se da una correspondencia entre las estructuras sociales y las categorías o esquemas mentales o de pensamiento. Desde el punto de vista de Pierre Bourdieu esto quiere decir que los filtros a partir de los cuales percibimos la realidad se corresponden con las divisiones sociales instituidas. O, en otras palabras, que hay una homología entre los principios de visión y división y las estructuras sociales. Esta correspondencia implica que los procesos perceptivos a partir de los cuales nos representamos la realidad suponen actos de conocimiento y reconocimiento de las divisiones arbitrarias entre los dominados y los dominantes. Una división que es naturalizada, actualizada y reactualizada en cada acto perceptivo. Esta división es interiorizada de manera que se convierte en un sentido común que no puede ser pensado de otra forma.</p>
<p>Este sentido común es lo que se denomina “violencia simbólica”. La violencia simbólica es un acto de conocimiento y reconocimiento práctico de estas divisiones sociales, de adhesión perceptiva, una creencia que no necesita ser pensada ni afirmada como tal, y que genera en cierta forma, que actualiza, naturaliza y reactualiza las relaciones de poder de las que es producto. En este sentido, el nexo entre los procesos de percepción social y las relaciones de poder es más que evidente. La violencia simbólica se puede considerar como aquel proceso social a partir del cual unas definiciones de la realidad se imponen sobre otras y se convierten en incuestionadas y hegemónicas, hasta el punto que acaban por verse como las únicas reales, las únicas posibles, y de “sentido común”. No necesitan ser argumentadas. Son autoevidentes. A partir de estos procesos de imposición, que no necesitan ser impuestos, de unas formas de ver la realidad sobre otras, unos grupos imponen su criterio a otros, que pasan a ser dominados por los primeros, otorgándoles poder sobre ellos. Un ejemplo típico de violencia simbólica es la visión androcéntrica. Se trata de una forma de violencia simbólica que las mujeres mismas, tanto como los hombres, contribuyen a actualizar y reactualizar. Y, por tanto, contribuyen ellas mismas también a su propia subordinación, porque tanto para ellas como para los hombres mismos, la visión androcéntrica se da por supuesto. Aparece como la única posible y como natural y evidente. No necesita ser pensada ni argumentada para ser impuesta, ya que cae por su propio peso a ojos de todos.</p>
<p>Para decirlo con otras palabras que quizás sean más habituales, la violencia simbólica son todos aquellos “dados por supuesto” a partir de los cuales imponemos a los demás, sin tener ni la más remota conciencia, y totalmente en contra de nuestra voluntad e independientemente de lo que queramos o pretendamos intencionadamente, toda una serie de “definiciones de la realidad” que acaban por estructurar nuestras relaciones sociales. Son aquel “conformismo lógico” y aquel “conformismo moral” de los que hablaba Durkheim. Así es como la percepción social se construye a partir de la mediación de la violencia simbólica, porque es evidente que no puede ser de otra manera. La percepción social, como la gran mayoría de procesos sociales, no es un proceso indeterminado ni espontáneo o regido por el azar, que no está sometido a ninguna ley, regularidad o constante social. Si así fuera, las ciencias sociales no existirían. Y precisamente una de estas constantes que no se cansan de registrar estas disciplinas tan mal entendidas es que los procesos sociales dependen de las relaciones sociales de poder. Es decir, que las percepciones las define quién tiene el poder de hacerlo, y sobre —e incluso contra— los que tienen menos, que ven como su realidad y lo que ellos mismos son les es impuesto, incluso sin que puedan llegar a reconocerlo nunca. Es más, justamente por eso. Porque la mayoría de las veces no son ni conscientes de ello.</p>
<p>Pero sé muy bien que, a pesar de todos mis esfuerzos, posiblemente no se haya entendido todavía lo que trato de decir. No por incapacidad del lector ni mía, sino más bien porque, para captar la relación entre la percepción social y la violencia simbólica, es necesario comprender muy bien lo que es la violencia simbólica. Se trata de un concepto capital en la obra de Pierre Bourdieu y, muy probablemente, su principal contribución a la ciencia social, en que estuvo trabajando, incluso sin saberlo, desde los inicios de su carrera. Fue en sus últimas obras cuando emergió explícitamente esta formulación con la denominación actual, especialmente a partir de 1998 con su libro <em>La dominación masculina</em>.</p>
<p>Desafortunadamente, se trata de una aportación que no ha tenido demasiado éxito entre el público más o menos interesado por estos temas. Pero que, desgraciadamente, ha inspirado, con más o menos mala fe, otras perspectivas que, con un simplismo que no es demasiado apropiado para dar cuenta de la complejidad de los fenómenos sociales que intentan explicar, se aprovechan del amplio campo de estudios que ha abierto esta óptica en las ciencias sociales. Son puntos de vista como el de los “micromachismos”, que a pesar de que beban de manera bastante descarada de las contribuciones de Pierre Bourdieu sobre la violencia simbólica, no pueden de ninguna manera hacer justicia al objeto de estudio que pretenden analizar. Quizá por eso han triunfado abrumadoramente. Porque venden las ideas que son fáciles de escuchar, de entender, de asimilar y de poner en práctica.</p>
<p>Es un concepto que aparentemente pueda parecer muy abstracto. También es posible que se interprete como una de esas conceptualizaciones artificiosas a que son tan propensos ciertos intelectuales. Pero no es el caso. Pierre Bourdieu siempre denunció el escolasticismo de ciertos análisis provenientes de la filosofía y, muy especialmente, de la ciencia social, que veía como “cavilaciones” intelectuales que eran incapaces de captar lo que él llamaba “el sentido práctico” de las muy variadas formas que revestían las relaciones y comportamientos sociales. Según decía, pretendían entender los fenómenos partiendo de lógicas e intenciones que muchas veces eran equivocadas, y la mayoría de las veces ni siquiera se daban en realidad. Era el analista quien introducía estas lógicas en su objeto de estudio, al que hacía hablar por boca suya como si fuera un ventrílocuo. Pero no eran las lógicas del agente respecto a los hechos estudiados.</p>
<p>Por ello es posible que la mejor forma de entender tanto la relación entre la percepción social y la violencia simbólica como la violencia simbólica misma, sea precisamente mediante una representación en acción de estos fenómenos. Se trata de un pequeño ejemplo, una adivinanza con la que el lector mismo captará prácticamente este concepto. Está concebido para que quien lo lea experimente en funcionamiento los mecanismos de este fenómeno que actúan en cada una de las relaciones sociales en que intervenimos. Es simplemente una especie de caso experimental, similar a los conocidos “experimentos de ruptura” de Harold Garfinkel en sus <em>Studies in Ethnomethodology</em>, pero planteado desde supuestos teóricos y metodológicos diferentes. Un pequeño fragmento aislado de realidad que permitirá hacerse una idea de hasta qué punto la violencia simbólica es un hecho habitual en la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Y, por tanto, de hasta qué punto condiciona nuestra percepción de la realidad. Y también, muy especialmente, de hasta qué punto somos nosotros mismos los que, sin ninguna intención, sin ninguna pretensión y, sobre todo, sin darnos cuenta, ejercemos la violencia simbólica.</p>
<p>Imaginemos que un día, un padre y su hijo de siete años que viven a cien kilómetros de la costa deciden ir a pasar el día en la playa. Pero a medio camino, tienen un accidente. Chocan con otro coche. El vehículo queda completamente destrozado, y el niño está muy grave. El padre llama, con las pocas fuerzas que le quedan, ya que, aunque no tan grave, está bastante malherido, a una ambulancia, y al rato de hacerlo, se queda inconsciente. Al cabo de cinco minutos, llega el servicio médico. La persona que atiende al niño, eminente profesional de un prestigio muy reconocido con muchos años de experiencia, apenas ver la criatura, dictamina su muerte. Y luego dice: “es mi hijo”.</p>
<p>Muy probablemente, la mayoría de los que lean estarán pensando que esto es imposible. Pero no hay ningún truco. Ahora mismo ustedes se estarán planteando las explicaciones más plausibles a este misterio. A poca gente se le ocurrirá la única respuesta acertada que, además, es la más simple. Si ustedes quieren seguir jugando a adivinar la solución de este enigma, les recomendaría que no siguieran leyendo. Evidentemente, sólo hay una persona que, dejando aparte al padre del niño, podría haber exclamado lo que dijo el personaje del relato: su madre. Tras conocer la respuesta correcta, parece muy fácil, ¿verdad? ¿Pero cuántos la han acertado? Muy probablemente, la mayoría ha creído que el médico era un hombre. Sin embargo, si se fijan bien en cómo se ha redactado el enunciado, en ningún momento se ha empleado ninguna señal de género ni masculino ni femenino. Se podrían haber utilizado denominaciones que hubieran podido inducir a error como “médico” —lo que podría haber llevado a confusión— en lugar de “persona que atiende al niño” o “experto” —que tiene su femenino en “experta”— en vez de “eminente profesional de un prestigio muy reconocido con muchos años de experiencia”. Pero se ha tenido mucho cuidado de no sobre-connotar lingüísticamente lo que se estaba diciendo. Después se explicará por qué se ha hecho así y sus implicaciones.</p>
<p>Este es un ejemplo en acción de la relación entre percepción social y violencia simbólica. Se basa en el modelo de violencia simbólica más paradigmático: la visión androcéntrica. Se trata de un arquetipo donde aparecen bastante aumentadas todas las propiedades que sirven para poner de manifiesto la relación entre percepción social y violencia simbólica. Concretamente, en un campo que a todos nos es muy familiar pero que, a la vez, nos es completamente desconocido, ya que la mayoría de veces lo interpretamos desde ópticas que son completamente erróneas. Mayoritariamente, filosofías del sujeto que no permiten captar las sutilezas del fenómeno que pretenden explicar: el machismo. Por eso, cuando se plantea el enigma del machismo desde un punto de vista excéntrico, insospechado e impensable, como el de la percepción social y la violencia simbólica, se revela como algo mucho más complejo y mucho menos simple de lo que estos análisis simplistas —y mayoritariamente demasiado voluntaristas— dejan entrever.</p>
<p>El machismo es un hecho social profundamente arraigado en nuestras estructuras sociales como todos creemos que sabemos cuándo leemos análisis sobre las estructuras sociales patriarcales. La mayoría de las veces para el que lee, las “estructuras sociales” son “los demás”. Lo que no sabemos ni queremos saber es hasta qué punto está arraigado en nuestros esquemas perceptivos. Esto es la violencia simbólica. Es decir, como los esquemas mentales que utilizamos para percibir y definir la realidad son producto directo de las estructuras sociales, de las relaciones sociales establecidas en una sociedad determinada; es una hipótesis que ya planteaba Durkheim en 1912 en su clásico <em>Las formas elementales de la vida religiosa</em>: según él, las “formas primitivas de clasificación” se corresponden con las estructuras de los grupos. Así pues, si nuestras sociedades son machistas, si las relaciones sociales lo son, estos esquemas también lo son. Veremos, percibiremos y definiremos la realidad de forma machista. Esto es la violencia simbólica. Probablemente la gran mayoría de los que hayan hecho este pequeño experimento de ruptura se hayan horrorizado cuando, finalmente, han entendido prácticamente, en propia carne —en este caso, en propia (in)consciencia— lo que es la violencia simbólica, más teniendo en cuenta el ejemplo en que se ha fundamentado el ejercicio, el machismo, que siempre creemos que es algo “que incumbe a los demás, no a nosotros”; y su íntima relación con la percepción social. Ya que, como habrán podido experimentar, la determina hasta extremos insospechados y que se escapan de los análisis que tienen en su centro explicativo la voluntad, el imaginario, la intención, la motivación, el deseo, los motivos, las razones o cualquier otra de las formas que puedan adoptar lo que se suelen denominar filosofías del sujeto, ya sean las que recalcan los aspectos conscientes como los inconscientes —oposiciones como consciente/inconsciente u objeto/sujeto que en el análisis de la mayoría de fenómenos sociales se muestran totalmente inoperativas—. Lo que más horroriza es darse cuenta cómo, sin saberlo y sin quererlo, todo lo que se pretende combatir, aquel “infierno que son los demás” como decía Sartre, vive dentro de cada uno de nosotros. No tengo ninguna duda de que la mayoría de los que hayan hecho el experimento y hayan comprobado que también para ellos lo impensable —en sentido estricto, es decir, lo que no se puede pensar, lo que no se puede expresar mediante los esquemas perceptivos establecidos porque no está reconocido socialmente; y es en estos “impensables” que se fundan todos los “no presentados”, todos los “no admitidos” y todos los “techos de cristal” habidos y por haber de la gran mayoría de grupos sociales y categorías, empezando por las mujeres, en los ámbitos más diversos— era lo que es impensable socialmente —es decir, que una “mujer” desempeñe una profesión que es socialmente reconocida para los hombres, pero no para las mujeres—, se han horrorizado al comprobar que el machismo también vivía en su interior.</p>
<p>Esta especie de experimento de ruptura habrá servido también para ver como todas aquellas perspectivas de análisis del machismo —que más bien son propuestas de acción— como, por ejemplo, la obsesión lingüística de los “los y las”, son muy bienintencionadas, pero no tienen ninguna posibilidad real de éxito. Como ya se ha señalado, este pequeño experimento se ha diseñado de forma premeditada y expresa para que no pudiera haber ningún tipo de interferencia lingüística en su resultado, eliminando cualquier connotación de género en el redactado de la adivinanza para controlar lo que suele llamarse el “lenguaje sexista”. Según los partidarios de este punto de vista que ha alcanzado tanta notoriedad pública, es el lenguaje el que construye el mundo tal como es. Pero el resultado de este experimento parece desmentirlo. La mayor parte de los lectores han acabado asociando la imagen del médico con un hombre, aunque en ningún momento se ha empleado un “lenguaje” sexualmente connotado o “sexista”. La principal implicación de ello parece ser que el lenguaje no juega ningún papel en la forma como definimos el mundo. Más bien, como parecería demostrar el ejemplo, es la violencia simbólica el principal factor que interviene en la forma como percibimos y definimos la realidad. En todo caso, el lenguaje sería el “vehículo” mediante el cual “expresamos” o “representamos” estas “percepciones” del mundo, estas “definiciones” de la realidad que preexisten al lenguaje mismo. Así pues, más allá del lenguaje están los esquemas perceptivos que utilizamos —y que nos vienen impuestos— para definir lo que se puede pensar y lo que es impensable, como ha puesto de manifiesto de forma muy elocuente este experimento. Posiblemente, el lenguaje sea el cabeza de turco más visible para intervenir o pretender que se está interviniendo sobre la realidad para cambiarla, ya que propicia la ilusión de una acción planificada orientada a un fin determinado. La ilusión de que “se está haciendo algo”, que tan reconfortante suele ser para nosotros los humanos, que tenemos un pánico ancestral a sentir que no estamos haciendo nada cuando sería urgente hacerlo. Posiblemente, el lenguaje sea el cabeza de turco preferido de los partidarios de todas aquellas filosofías de la acción que dan un gran rédito intelectual y social porque se basan en supuestos (erróneos) que están grabados a fuego en la mente de la mayoría de la gente y que, por tanto, resultan fáciles de entender, de interpretar, de asimilar y, en definitiva, de poner en práctica; son filosofías que al fin y al cabo no son otra cosa que la traducción “culta” con “garantía de cientificidad” de los esquemas de percepción, apreciación, valoración y acción provenientes del “sentido común vulgar”: oposiciones como objeto, sujeto; consciente, inconsciente; racional, irracional; material, simbólico; voluntario, involuntario, etc.</p>
<p>Y, por último, las palabras del propio Bourdieu en sus <em>Meditaciones pascalianas</em>, donde prevenía contra estos conatos de explicación condenados al fracaso: “Si algo comparten nuestros filósofos, ‘modernos’ o ‘posmodernos’, más allá de los conflictos que los enfrentan, es ese exceso de confianza en los poderes del discurso. Ilusión típica de <em>lector</em>, ‘profesor’, capaz de tomar el comentario académico por un acto político o la crítica de los textos por una manifestación de resistencia, y de vivir las revoluciones en el orden de las palabras como revoluciones radicales en el orden de las cosas” (p. 11). Ya que, como apuntaba también, “Resulta del todo ilusorio creer que la violencia simbólica puede vencerse sólo con las armas de la conciencia y la voluntad” (p. 236).</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/percepcion-social-violencia-simbolica-5603">Percepción y violencia simbólica</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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		<title>Webs de citas y machismo</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/webs-citas-machismo-5367</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Sep 2016 23:43:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociología del género]]></category>
		<category><![CDATA[Efectos perversos]]></category>
		<category><![CDATA[Estructura de oportunidades]]></category>
		<category><![CDATA[Género]]></category>
		<category><![CDATA[Machismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sexismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A ningún hombre que esté en páginas de contactos se le ha escapado que para ellos es muy difícil conseguir una cita en este tipo de sitios web. En cambio, las chicas solo tienen que chasquear los dedos, y ya tendrán lo que desean. Se dicen muchas cosas acerca de esto, muchas veces personalizando el problema en los protagonistas del asunto ("es que los hombres sois unos salidos...", "es que las mujeres son muy estrechas y unas exigentes"). Pero lo cierto es que la causa de todo esto es solo una. Se llama machismo.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/webs-citas-machismo-5367">Webs de citas y machismo</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A ningún hombre que esté en páginas de contactos se le ha escapado que para ellos es muy difícil (y no es exagerado decir que casi imposible) conseguir una cita en este tipo de sitios web. Esto vale también para cualquier chat o incluso para la vida real, en un bar, o en una discoteca a la hora de ligar. En cambio, las chicas solo tienen que chasquear los dedos, y ya tendrán lo que desean.<span id="more-5367"></span> Ellas no tienen que hacer casi nada para encontrar lo mismo que a ellos se les niega de forma casi sistemática o incluso no llegan a encontrar nunca. Se dicen muchas cosas acerca de esto, muchas veces personalizando el problema en los protagonistas del asunto («es que los hombres sois unos salidos&#8230;», «es que las mujeres son muy estrechas y unas exigentes»). Pero lo cierto es que la causa de todo esto es solo una. Se llama machismo.</p>
<p>Como ya he apuntado en otras ocasiones, la lógica del machismo se debe tener siempre presente para entender muchos de los fenómenos que giran alrededor de las relaciones entre los sexos. En este sentido, la razón de que sea tan fácil para las mujeres y tan difícil para los hombres buscar pareja tiene que ver justamente con eso. El machismo es la causa de que se cree una estructura de oportunidades que paradójicamente genera un efecto contrario para los hombres a lo que cabría esperar: que acaben por convertirse en las principales víctimas del machismo que parecería que los debería favorecer. Es por ello que el machismo nos perjudica a todos, tanto a hombres como a mujeres. Pero, ¿cómo se produce este fenómeno? El machismo otorga al hombre un papel activo cuando busca pareja (es el «conquistador»), mientras que el de la mujer es aparentemente pasivo (es la «conquistada»). Esto se relaciona con la «falta de iniciativa» de la mujer. Esto favorece que se cree un mercado en el que las relaciones de intercambio de relaciones de pareja son desiguales: van del hombre hacia la mujer, generalmente más que de la mujer hacia el hombre. El papel de la mujer en este mercado es aparentemente pasivo. Difícilmente es agente activo (al menos aparentemente&#8230;). Pero paradójicamente, esto acaba produciendo un efecto contrario: quien tiene el monopolio de este mercado es la mujer, ya que es el objeto escaso. Es ella quien acaba fijando su precio, y no a la inversa, como se podría suponer en un mercado en el que el agente activo es el hombre. Así que, la mujer es quien acaba «escogiendo». Ella se convierte en el verdadero agente activo (es quien «escoge»): son los hombres los que van a ella, y tiene muchos para elegir. Por lo tanto, hace lo que haríamos todos en su situación: escoger el que tiene un valor más alto por ella. Por eso puede «exigir», puede «pedir mucho». Que escoja de esta manera, a partir de altas expectativas, de ser «exigente», de «pedir lo mejor» no tiene nada que ver con su personalidad ni con ningún rasgo específico que pueda ser propio de las mujeres. Simplemente es debido a que el mercado funciona de esta manera. La estructura de oportunidades del mercado de intercambio de relaciones de pareja lo favorece: la convierte en quien elige, y en quien puede escoger pidiendo mucho.</p>
<p>Es por eso que las mujeres acaban teniendo la sartén por el mango: porque la configuración de este mercado de intercambio de relaciones de pareja lo propicia. Entonces, ¿qué habría que hacer para romper esta estructura de oportunidades? Parece que habría varias posibilidades. La primera podría consistir en abrir el mercado para las mujeres y limitarlo para los hombres. De este modo, que hubiera un mayor número de mujeres que de hombres podría favorecer que el precio al que cotizaran las mujeres en este mercado fuera más bajo: tocarían a más de una por hombre y entonces sería él quien escogería, sería él el objeto codiciado. Sería mucho más complicado para ellas «exigir», ya que no estarían en condiciones de poder hacerlo: quien tendría más donde elegir, sería él, no ellas, y, por tanto, tendría más elecciones alternativas. Esto acabaría suponiendo que el monopolio sobre la elección de relación de pareja ya no estaría del lado de las mujeres, sino de los hombres.</p>
<p>Pero en realidad esta sería una falsa solución, pues acabaría reproduciendo de nuevo la misma estructura de oportunidades que se pretendería combatir. Es decir, esta solución no rompe en ningún momento la dicotomía hombre-activo / mujer-pasiva. Y es gracias a esto que la mujer acaba teniendo la fuerza ya que, como muy bien saben ellas, quien es contactado (la mujer) es quien tiene la última palabra, y, por tanto, el poder. Es difícil acabar con el imperialismo del machismo sobre este mercado simplemente pensando que poniendo más mujeres que hombres, los hombres dejarían de comportarse como siempre lo han hecho. Al cabo de poco tiempo, todo seguiría igual. La solución numérica es una solución terriblemente ingenua, y no serviría de nada. Pero hay otra solución. Esta es bastante más difícil de implantar (la anterior es relativamente factible, solo habría que introducir un numerus clausus dentro del sistema que limitara el número de hombres y favoreciera la entrada de mujeres —cómo hacer esto último ya es algo más complicado, y la mayoría de webs de citas no han llegado a conseguirlo), pero posiblemente sería mucho más efectiva. Consistiría en que los hombres se limitaran a contactar exclusivamente con aquellas mujeres que previamente han contactado con ellos. Es decir, los hombres deberían imponerse una férrea disciplina y no contactar con ninguna mujer. Así, consistiría exactamente en cambiar los papeles: los hombres serían pasivos y las mujeres serían activas. Esto, aparte de suponer una posibilidad de que se reprodujera el mismo mercado que se intenta combatir pero con el signo contrario (en este mercado siguen habiendo poderes desiguales, pero ahora van a favor del hombre), otorga una ventaja diferencial al hombre: como muy bien saben las mujeres, quien es contactado es quien tiene la última palabra (ya que en realidad no se ofrece, sino que lo vienen a buscar, y esto otorga ventajas a la hora de plantear exigencias). Es posible que implantar esta disciplina fuera muy difícil para muchos hombres, pero a la larga sería beneficioso para ellos. También es posible que parezca que esto no serviría de demasiado, ya que se puede pensar que a las mujeres les costaría asumir este nuevo papel. Pero es evidente que les costaría igual que a los hombres asumir el suyo. Y lo más probable es que progresivamente se tendiera a una situación de equilibrio espontáneo en la que, al final, los dos papeles se desdibujaran bastante. Dejaría de haber pasivos y activos, ya que ni los hombres serían tan activos como ahora, ni las mujeres tan pasivas como ahora. Así que, progresivamente, se iría llegando a una situación de equilibrio en el mercado de intercambio de relaciones de pareja que rompería con el monopolio tanto de hombres como de mujeres, ya que se configuraría una estructura de oportunidades mucho más igualitaria.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/webs-citas-machismo-5367">Webs de citas y machismo</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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		<title>La falta de iniciativa</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/falta-iniciativa-5344</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Sep 2016 02:14:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociología del género]]></category>
		<category><![CDATA[Género]]></category>
		<category><![CDATA[Machismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sexismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es habitual que los hombres sean los que inician la "conquista" de la mujer. Se dice que las mujeres siempre "esperan que el primer paso lo dé el hombre". Pero cada vez más, son ellas las que "toman la iniciativa", aunque todavía "algunas no lo hacen por falta de iniciativa". En estos casos, se dice que hay una "barrera psicológica". Pero esta barrera no es psicológica. Es social. Se llama machismo. Es lo que explica que en las relaciones entre los géneros siga habiendo unos que tienen libertad para hacer lo que quieran (los hombres), y otras que no.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/falta-iniciativa-5344">La falta de iniciativa</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Es habitual que los hombres sean los que inician la “conquista” de la mujer. Se dice que las mujeres siempre “esperan que el primer paso lo dé el hombre”, “que eso ha sido siempre así”, y “que lo sigue siendo”. Pero cada vez más, son ellas las que “toman la iniciativa”, aunque aún “algunas no lo hacen por falta de iniciativa” por “inseguridad” o por “falta de confianza”.<span id="more-5344"></span> En estos casos, se dice que hay una “barrera psicológica” que se explica puramente por «anomalías» individuales que dependen de cada persona. Porque eso es lo que hace la psicología. Estudiar la normalidad y la anormalidad.</p>
<p>Pero esa barrera no es psicológica. Es social. Se llama machismo. Es lo que explica que en las relaciones entre los géneros siga habiendo unos que tienen libertad para hacer lo que quieran (los hombres), y otras que no la tienen (las mujeres). Unos que pueden ir de copas sin temer nada, y otras que tienen que estar pensando siempre estratagemas para por si acaso a alguno se le ocurre propasarse, dentro o fuera del local. Cuando unas perciben que no tienen libertad para disponer de su vida, para decidir qué hacer con ella, para decidir con quién van o con quién no van, con quién follan o con quién no follan, etc., entonces estas no eligen, no «tienen iniciativa». Eso es lo que sigue pasando con muchas mujeres: que “no tienen iniciativa”. Porque en realidad no sienten que la tengan, porque en realidad no sienten que se les permita tenerla, esa «falta de confianza» de la que se sigue hablando, que en realidad no es falta de confianza. Es la constatación muy realista, aunque la mayoría de las veces inconsciente, no verbalizable, de un hecho bien claro: la mujer no decide porque en una sociedad machista y patriarcal no tiene la capacidad de decidir. Y no es «lo normal» que lo haga en estas condiciones. Lo «anormal» sería que lo hiciera. Es así como las disposiciones que algunos llamarían psicológicas no hacen más que registrar, mediante las categorías mentales, lo que está grabado en la sociedad y se graba en los cuerpos y las mentes: el hecho objetivo, objetivable, constatable, medible estadísticamente, de que hay unos que disponen de libertad, de capacidad de decidir sobre su propia vida (los hombres), y otras que no la tienen (las mujeres), y lo único que hace lo que se consideran «inseguridades», «falta de iniciativa», etc. es traducir estos hechos objetivos en acciones verificables, o, más bien, en falta de acciones. Porque la «no acción» es la categoría más adecuada para medir lo que hacen las que sienten, de forma muy realista, que no pueden hacer nada: no actuar, no “tener iniciativa”, no “tener confianza”, ser “inseguras”.</p>
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		<title>Campo político y campo mediático</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/campo-politico-campo-mediatico-5404</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Jun 2013 15:20:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociol. medios comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología del conocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología política]]></category>
		<category><![CDATA[Campo mediático]]></category>
		<category><![CDATA[Campo político]]></category>
		<category><![CDATA[Capital simbólico]]></category>
		<category><![CDATA[Pierre Bourdieu]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia simbólica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las correspondencias entre el campo político y el mediático hacen que las opiniones que se expresan en los medios de comunicación sean un reflejo de las posturas políticas hegemónicas. Esto se basa en el ejercicio de una violencia simbólica que supone la imposición de unos temas y la censura de otros que suelen ser los que habría que discutir más. A través de esta no sólo se crean opiniones autorizadas, sino también grupos con poder para hablar y definir cómo es la realidad.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Salta bien fácilmente a la vista la gran correspondencia (homología estructural) que se establece entre el campo político y el mediático, que lleva a la reproducción de una serie de divisiones (principios de visión y división) en estos dos campos.<span id="more-5404"></span> La más clara de todas es el eje izquierda-derecha, que lleva incluso a los mismos periodistas a calcar las etiquetas que usan para designarlo: la izquierda-derecha tiene su reflejo en el campo mediático como «izquierda-derecha mediática». Pero más allá de esta constatación, habría que contestar tres preguntas: 1) ¿Quiénes son estas izquierdas-derechas? 2) ¿Qué efectos tiene sobre el campo mediático esta homología entre los dos campos? 3) ¿Y sobre el campo político?</p>
<p>En cuanto a la primera cuestión, los portavoces del eje izquierda-derecha son los grupos que tienen voz, que se contraponen a los que no la tienen. Es decir, los que tienen la posibilidad de hablar y, por tanto, que tienen cierto acceso a los medios de producción de la voz o la palabra, que actualmente pasa por los conglomerados mediáticos (prensa, televisión, radio y, cada vez más, internet) que producen opiniones. En definitiva, se trata básicamente de partidos políticos como el PSOE y el PP que tienen una historia plenamente constatable de relaciones con varios grupos de comunicación que les otorgan un dominio casi monopolístico de las opiniones publicadas.</p>
<p>Esto acaba teniendo determinados efectos. En primer lugar, sobre el campo mediático. Que hablen siempre los mismos acaba generando un consenso sobre los temas que se tratan, impone unas problemáticas legítimas y una censura sobre las que estos grupos consideran que no convienen ni son legítimas, en las que suelen estar de acuerdo y que, por tanto, no entran en el diálogo. La dinámica de la réplica y la contrarréplica más que un diálogo acaba siendo un diálogo de sordos, una cortina de humo que tapa los consensos básicos, que nunca son discutidos por los grupos hegemónicos (como se verá en el próximo ejemplo). Una forma de negar el verdadero diálogo y de imponer una violencia simbólica, una coerción de la palabra por la palabra a partir de la cual se imponen unas medias verdades, unos eslóganes que, repetidos de mil formas diferentes, ya sea para afirmarlos o para negarlos, para defenderlos o criticarlos, acaban configurando lo que se dice y, por tanto, lo que se piensa. Se acaban convirtiendo en una opinión publicitada. Valga un ejemplo de actualidad: se habla insistentemente sobre lo que llaman la «sostenibilidad del sistema de pensiones», argumentando que la relación entre el número de cotizantes (trabajadores) y el de pensionistas cada vez es más reducida, de manera que cada vez hay menos trabajadores para sostener a un número cada vez mayor de pensionistas. Cada uno de los dos bandos se posiciona: el PP considera que hay que reformarlo, mientras que el PSOE lo defiende ante lo que considera «la contrarreforma del PP». El debate está abierto y las argumentaciones enfrentadas son interminables. Aparentemente el tema está sometido a un diálogo libre. Pero hay más censura que diálogo real, pues el aparente debate se basa en ciertos consensos. Nadie dice nada sobre quién «sostiene» el sistema. Sólo se habla de su «sostenibilidad» para decir que unos lo consideran viable y los otros no, pero la pregunta que se formula no es cuestionada. ¿Se trata realmente de la pregunta que habría que formular? Quizás si se fuera más allá, y se reformulara, en términos del tipo «quien sostiene el sistema de pensiones», se acabaría respondiendo a la pregunta que se pretende responder. Si se respondiera esta nueva pregunta, tal vez se acabaría viendo que si las pensiones se pagan con las rentas del trabajo (como sucede en España) (es decir, las pagan los trabajadores), en un contexto en el que cada vez hay menos trabajo como el actual y en el que los salarios han ido disminuyendo, es evidente que previsiblemente las pensiones disminuirán. Pero tal vez la solución a este problema no sería aumentar la contribución del capital al sistema de pensiones, haciendo que tributara más, es decir, con políticas redistributivas? De eso «no se habla», pero, ¿quizás no sería necesario hablar de ello?</p>
<p>Pero eso no es todo. Esta falta de pluralidad de las opiniones tiene también efectos sobre el campo político. En la medida en que hay un grupo o grupos capaz de imponer de forma monopolística unos problemas políticos y también unas soluciones, y que la circulación de estas propuestas ideológicas se produce de forma circular (propuesta-réplica-contrarréplica) sin que nadie sea capaz ni quiera romper este circuito, no sólo se otorga notoriedad a unas ideas y unas visiones del mundo por encima de otras, sino que sobre todo se deposita una notoriedad y un poder en unos grupos por encima de otros. En definitiva, se da visibilidad a unos y se relega a otros a que casi no se permite ni existir socialmente, porque son considerados «grupos marginales».</p>
<p>La única forma de romper esta hegemonía política y mediática consistiría en propiciar mecanismos (leyes, para empezar) que, a través de una mayor pluralidad de las opciones ideológicas expresadas en todos los medios de comunicación tanto públicos como, especialmente, privados, diluyera y rompiera la hegemonía de unas voces incuestionadas e intocables respecto a las relegadas, que tendrían unas mayores posibilidades de hacerse oír (y, por tanto, de existir socialmente y legítimamente) y de cuestionar a las que hasta ahora tienen todos los medios y todas las oportunidades de presentarse como las únicas posibles porque «tienen la sartén por el mango».</p>
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		<title>La comunicación en dos pasos</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/comunicacion-dos-pasos-5438</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jun 2011 09:59:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociólogos]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación en dos pasos]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Castells]]></category>
		<category><![CDATA[Mass Communication Research]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Lazarsfeld]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los procesos de movilización social contra la crisis y las medidas tomadas por los responsables políticos que han tenido lugar en España, los Países Árabes (especialmente Egipto), en Grecia o en otros países mediterráneos ofrecen una oportunidad para revisar la hipótesis de la comunicación en dos pasos (two-step flow of communication de Lazarsfeld) tanto desde el punto de vista de su continuidad como de su diversidad, y sugieren que el sentido de este proceso puede ser el inverso de lo indicado en los estudios originales.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/comunicacion-dos-pasos-5438">La comunicación en dos pasos</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Los años 1944 y 1955, Paul Felix Lazarsfeld publicó dos importantes estudios que significaron una importante ruptura conceptual en el campo de los estudios de la comunicación de masas. El primero, realizado conjuntamente con Bernard Berelson y Hazel Gaudet, <span id="more-5438"></span>titulado <em>The People&#8217;s Choice</em>, tenía por objetivo medir la influencia de los medios de comunicación sobre 600 electores de Erie County, en Ohio, durante la campaña presidencial de 1940. El segundo estudio, <em>Personal Influence: The Part Played by People in the Flow of Mass Communication</em>, de 1955, contó con la colaboración de Elihu Katz. En este caso se analiza el comportamiento de los consumidores de moda y ocio, deteniéndose especialmente en el consumo de películas. Este segundo estudio se centra en el análisis de los procesos de decisión individuales de una población femenina de 800 personas en una ciudad de 60.000 habitantes, Decatur, en Illinois.</p>
<p>Los resultados de los dos estudios ponen de manifiesto la importancia del grupo primario, que se caracteriza por su potente acción de mediación del efecto directo que pueden ejercer los medios de comunicación a la hora de configurar las «preferencias». Es decir, la comunicación es un proceso en dos etapas en que la función de los grupos sociales y de los líderes de opinión resulta decisiva. Esta es la hipótesis conocida como <em>two-step flow of communication</em>. En un primer nivel encontramos a las personas relativamente bien informadas por estar directamente expuestas a los efectos de los medios de comunicación de masa. En el segundo nivel se sitúan las personas menos expuestas a la acción de los medios de comunicación y que dependen de los primeros para obtener información.</p>
<p>Los procesos de movilización social que tuvieron lugar a partir del 15 de mayo de 2011 en España, antes en los Países Árabes (especialmente Egipto, donde se consiguió derribar el régimen establecido), y también en otros países mediterráneos como Grecia, contra la crisis y las medidas tomadas por los responsables políticos, ofrecen una oportunidad para revisar esta hipótesis tanto desde el punto de vista de su continuidad como de su diversidad.</p>
<p>Varios autores, como Manuel Castells en su libro <em><a title="Communication Power" href="https://books.google.com/books?id=3Q8oAAAAQBAJ&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener">Communication Power</a></em>, parecen sugerir la superación esta hipótesis. Dice, concretamente en la página 150, haciendo explícitamente referencia a <em>The People&#8217;s Choice</em>, que «la investigación académica minimizó durante mucho tiempo el impacto que tenían los medios y las campañas políticas en el resultado de unas elecciones, lo que contradice buena parte de las creencias y las prácticas de los consultores políticos». Posiblemente este tipo de afirmaciones se basan en una interpretación errónea de la hipótesis de la comunicación en dos pasos, ya que el corpus de investigaciones que se generó bajo este paradigma no minimiza en ningún caso la importancia de los medios de comunicación a la hora de condicionar o configurar la opción de voto de los electores, sino que únicamente explica el proceso que sigue el flujo comunicativo a la hora de configurar las llamadas «preferencias electorales»: son los líderes de opinión los que difunden el mensaje de los medios de comunicación entre aquellos que están menos expuestos a la acción directa de los media. Difícilmente destacar el papel de los medios de comunicación a la hora de crear opinión contando con la complicidad de aquellos que están más expuestos puede ser considerado «minimizar el impacto que tenían los medios y las campañas políticas en el resultado de unas elecciones».</p>
<p>El problema de la hipótesis de la comunicación en dos pasos es otro. Consiste en la direccionalidad del proceso. Los trabajos de Lazarsfeld parecen apuntar que el sentido en que se ejerce el efecto parte de los medios de comunicación, pasando por los líderes de opinión para acabar afectando a los electores menos expuestos. Es decir, destacan que el efecto de los medios de comunicación de masas no es directo, como suponían los primeros investigadores en los momentos inaugurales del paradigma de la <em>Mass Communication Research</em> (es lo que se ha denominado “modelo de la aguja hipodérmica”, que es empleado por primera vez en la investigación de Harold D. Lasswell <em>Propaganda Techniques in the World War</em>, de 1927), sino mediado. Los hechos que tienen que ver con las movilizaciones políticas y sociales que se han presenciado durante este año 2011 sugieren que las relaciones entre la audiencia y los medios de comunicación son bidireccionales, o al menos mucho más complejas de lo que sugerían las investigaciones originales de Lazarsfeld. Estos acontecimientos <em>parecen sugerir</em> (habría que confirmar esta hipótesis a partir de una investigación más profunda) que la direccionalidad puede ser inversa a la propuesta originalmente por Lazarsfeld, Katz, Berelson y Gaudet en sus dos estudios: los líderes de opinión, a través de lo que actualmente se podría considerar que es el equivalente del antiguo boca a boca —es decir, medios como Twitter, Facebook, o equivalentes— expresan determinado sentir colectivo, que de esta forma pasa a constituirse formalmente en opinión colectiva (porque es, en realidad, del espíritu colectivo de donde proviene), consiguiendo así movilizar a multitud de personas que se sienten identificadas con este estado, que los medios de comunicación de masas (por ejemplo, las radios, las televisiones, los periódicos, etc.) hacen que pase a formar parte de la agenda comunicativa. Es decir, se convierte en noticia. Como se puede apreciar, este proceso, que es el que parecen haber seguido la mayor parte de procesos de movilización colectiva conocidos durante este año 2011 en torno a los malestares generados por la crisis social, política, económica y moral, se caracteriza por ir de los grupos sociales a los medios —aunque es innegable que los medios informativos de masa son claves de cara a conseguir una mayor movilización, ya que se quiera o no siguen siendo estos los que dictan la agenda informativa— y no de los medios a los grupos sociales, como inicialmente sugería la hipótesis de la comunicación en dos pasos.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/comunicacion-dos-pasos-5438">La comunicación en dos pasos</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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		<title>Racismo y crisis</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/racismo-crisis-5458</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jun 2011 09:51:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Epistemología ciencias soc.]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría social]]></category>
		<category><![CDATA[Capital simbólico]]></category>
		<category><![CDATA[Clase social]]></category>
		<category><![CDATA[Condiciones materiales]]></category>
		<category><![CDATA[Estigmatización]]></category>
		<category><![CDATA[Estructura social]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad social]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigración]]></category>
		<category><![CDATA[Movilidad social]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay dos posibles hipótesis que explican el mecanismo del racismo en contextos de crisis. La primera parece que no es específica de los contextos de crisis y apunta que cuando llegan inmigrantes se producen cambios en la estructura social que serían análogos a la movilidad social ascendente para los grupos autóctonos. Según la segunda hipótesis, los cambios que se producen en la estructura social serían totalmente contrarios a lo indicado en la primera hipótesis y consistirían en una pérdida del capital simbólico de ciertas clases sociales autóctonas.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/racismo-crisis-5458">Racismo y crisis</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay dos posibles hipótesis que explican el mecanismo del racismo en contextos de crisis. La primera parece que no es específica de los contextos de crisis y apunta que cuando llegan inmigrantes se producen cambios en la estructura social que serían análogos a la movilidad social ascendente <span id="more-5458"></span>para los grupos autóctonos ya que los inmigrantes pasan a ocupar las posiciones más bajas de la estructura de clase (aunque si se compara la posición que ocupan en la sociedad receptora con la que ocupaban en su sociedad de origen, el balance en cuanto a condiciones materiales de vida es netamente favorable), que eran las que ocupaban anteriormente ciertas clases sociales autóctonas. Esto supone que estas clases sociales autóctonas escalan posiciones en la estructura de clases y rechazan las relaciones con los inmigrantes porque los consideran «de clase baja» o de una clase inferior a la que ahora ocupan: son los «nuevos pobres». Paradójicamente se trata de la clase que ocupaban anteriormente. Pero esta primera hipótesis no explica el mecanismo de este rechazo ni tampoco da pie a posibles formas de verificarla empíricamente. Desde un punto de vista científico esta hipótesis debería desarrollarse más o rechazarse directamente. Por otra parte es una hipótesis demasiado simple que tampoco permite establecer enlaces entre los niveles social e individual (psicológico).</p>
<p>La segunda hipótesis es bastante más plausible y debería ser considerada más detalladamente. Según esta, en contextos de crisis que reciben inmigración los cambios que se producen en la estructura social son totalmente contrarios a lo que apuntaba la anterior hipótesis. En este caso, los grupos autóctonos ven como a consecuencia de la crisis sus condiciones materiales de vida empeoran. Esto de hecho implica no un ascenso social de estas ciertas clases sociales de autóctonos, sino todo lo contrario: un descenso. Desde el punto de vista simbólico esto supone una importante herida: su orgullo de clase se resiente, ya que su capital simbólico disminuye: se valoran menos y son socialmente menos valorados como clase social que ha visto como sus condiciones materiales de vida empeoraban. El hecho de que lleguen inmigrantes (que en este caso también emigran porque, aunque ocupan las posiciones más bajas en la sociedad receptora, sus condiciones materiales de vida mejoran en relación a las de la sociedad de origen) todavía empeora más las cosas: a ojos de los autóctonos, estos no ven como caen en la pobreza pues ya están en ella. A partir de este momento los inmigrantes pasarán a ser la cabeza de turco contra la que se revelarán estas clases sociales que ven como sus condiciones materiales de vida y su capital simbólico comparativamente y subjetivamente disminuyen más que las de los inmigrantes, pues no es lo mismo para alguien que se ve como «clase media» pasar a ser pobre que pasar a ser un poco más pobre para alguien que ya se ve así: la vergüenza y la indignación de los unos se convierte en la resignación de los otros. Es así como los inmigrantes son vistos como «los competidores» de los «nuevos pobres» que consideran que estos (cuando en realidad la causa de todo esto es la crisis, ya que a los autóctonos les afecta subjetivamente más, y nunca materialmente y objetivamente: la herida moral que se inflige a aquel que pasa de “tenerlo todo” a “no tener nada” o ir justo de dinero es muy grande, básicamente porque las heridas que se infligen a aquellos que nunca han sufrido ninguna son muy profundas, ya que la sobreprotección no ayuda a relativizarlas porque antes no se habían experimentado) les roban <em>sus</em> oportunidades, <em>sus</em> prestaciones y <em>sus</em> puestos de trabajo.</p>
<p>(Extracto del documento <a title="El proceso de constitución del Barrio Santa María de Palafolls (en catalán)" href="https://www.xaviergimeno.net/files/procbsmp.pdf" target="_blank" rel="noopener">El proceso de constitución del Barrio Santa María de Palafolls (en catalán)</a>.)</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/racismo-crisis-5458">Racismo y crisis</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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		<title>Entrevistando a las élites</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/entrevistando-elites-5326</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Oct 2010 17:04:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Metodología]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista enfocada]]></category>
		<category><![CDATA[Técnicas de entrevista]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.xaviergimeno.net/es/?p=5326</guid>

					<description><![CDATA[<p>El libro Scientific Elite proporciona valiosas indicaciones sobre cómo entrevistar a las élites. Concretamente, incluye un apéndice ("Appendix A: Interviewing año Ultra-Elite") que trata este tema. El Apéndice A se publicó originalmente de forma ligeramente diferente en la revista The Public Opinion Quarterly. El trabajo de Harriet Zuckerman sobre cómo entrevistar a las élites se basa en los trabajos seminales de Robert K. Merton publicados en el libro The Focused Interview, una obra única e increíble que todo sociólogo debería leer.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/entrevistando-elites-5326">Entrevistando a las élites</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Si bien el libro <em><a title="Scientific Elite: Nobel Laureates in the United States" href="https://books.google.com/books?id=HAHCzJfmD5IC&amp;printsec=frontcover&amp;redir_esc=y#v=onepage&amp;q&amp;f=false" target="_blank" rel="noopener">Scientific Elite</a></em> es conocido principalmente como un estudio de los aspectos sociológicos de los Premios Nobel considerado por muchos una “obra de referencia definitiva”, esta investigación de Harriet Zuckerman proporciona valiosas indicaciones sobre cómo entrevistar a las élites.<span id="more-5326"></span> Concretamente, incluye un apéndice (“Appendix A: Interviewing an Ultra-Elite”) que trata este tema. El Apéndice A se publicó originalmente de forma ligeramente diferente en la revista <em>The Public Opinion Quarterly</em>. El trabajo de Harriet Zuckerman sobre cómo entrevistar a las élites publicado en <em>Scientific Elite</em> se basa en los trabajos seminales de Robert K. Merton publicados en el libro <em><a title="The Focused Interview: A Manual of Problems and Procedures" href="https://books.google.com/books?id=yLHwCMetDncC&amp;printsec=frontcover&amp;redir_esc=y#v=onepage&amp;q&amp;f=false" target="_blank" rel="noopener">The Focused Interview</a></em>, una obra única e increíble que todo sociólogo debería leer.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/entrevistando-elites-5326">Entrevistando a las élites</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Leer a Bourdieu</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/leer-bourdieu-5420</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Oct 2010 19:50:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociólogos]]></category>
		<category><![CDATA[Pierre Bourdieu]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.xaviergimeno.net/es/?p=5420</guid>

					<description><![CDATA[<p>Uno de los mejores sociólogos de todos los tiempos, Pierre Bourdieu es también uno de los más mal entendidos. Muchos atribuyen esto a su estilo de escritura difícil. Otros dicen que la ciencia social es muy difícil, si partimos de la premisa que creemos que sabemos cómo funciona el mundo social, no es sorprendente ver que cuando alguien nos cuenta su complejidad, no entendamos nada. Esto se debe a que las cosas que nos cuentan nos suenan tan extrañas y tan diferentes de la forma como pensamos que son, que nos resistimos brutalmente a escuchar y entender estas explicaciones.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/leer-bourdieu-5420">Leer a Bourdieu</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Hace unos meses en el mundo de las redes sociales, vi una petición interesante de una estudiante, que pedía ayuda sobre cómo empezar con Bourdieu. Sin lugar a dudas, uno de los mejores sociólogos de todos los tiempos, <span id="more-5420"></span>Pierre Bourdieu es también uno de los más mal entendidos. Muchos atribuyen esto a su estilo de escritura difícil. Otros dicen que la ciencia social es muy difícil, si partimos de la premisa que <em>creemos</em> que sabemos cómo funciona el mundo social, no es sorprendente ver que cuando alguien nos cuenta su complejidad, no entendamos nada. Esto se debe a que las cosas que nos cuentan nos suenan tan extrañas y tan diferentes de la forma como pensamos que son, que nos resistimos brutalmente a escuchar y entender estas explicaciones. Esto es lo que ocurre en el caso de la obra de Pierre Bourdieu.</p>
<p style="text-align: left;">Es por ello que para leer a Bourdieu es necesario un buen comienzo. Una inmersión lenta. No es bueno empezar leyendo sus obras más importantes (<a title="Distinction" href="https://books.google.com/books?id=TJp7hqxQ0SUC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Distinction</em></a>, <a title="Protography: A Middle-Brow Art" href="https://books.google.com/books?id=Lsy-Kd_BmgwC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Photography: A Middle-Brow Art</em></a>, <a title="Homo Academicus" href="https://books.google.com/books?id=hfUR028Z-0kC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Homo Academicus</em></a>, <a title="Outline of a Theory of Practice" href="https://books.google.com/books?id=WvhSEMrNWHAC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Outline of a Theory of Practice</em></a>, <a title="The State Nobility" href="https://books.google.com/books?id=do9o-jIrzXgC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>The State Nobility</em></a>, <a title="Practical Reason" href="https://books.google.com/books?id=2xFbVv-EHf4C&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Practical Reason</em></a> o <a title="El Sentido Práctico" href="https://books.google.com/books?id=Az_CviBMFiUC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>El Sentido Práctico</em></a>, <a title="The Rules of Art" href="https://books.google.com/books?id=5cgxLnbZjhcC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>The Rules of Art</em></a>, <a title="Language and Symbolic Power" href="https://books.google.com/books?id=u2ZlGBiJntAC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Language and Symbolic Power</em></a>, <a title="Masculine Domination" href="https://books.google.com/books?id=hnFPGvdwuCUC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Masculine Domination</em></a>, <a title="The Social Structures of Economy" href="https://books.google.com/books?id=bjV1BHWXWOwC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>The Social Structures of Economy</em></a>, <a title="Pascalian Meditations" href="https://books.google.com/books?id=Or0tmdjsiKsC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Pascalian Meditations</em></a>, <a title="The Political Ontology of Martin Heidegger" href="https://books.google.com/books?id=w3XYz6Nes4IC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>The Political Ontology of Martin Heidegger</em></a>, <a title="Science of Science and Reflexivity" href="https://books.google.com/books?id=ZvsN0SyhiDAC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Science of Science and Reflexivity</em></a>, <em>Los Herederos</em>, <em>El Amor al Arte</em>, o <em>La Reproducción</em>). Lo mejor es empezar leyendo los tres libros siguientes (por orden): 1- <a title="Cuestiones de Sociología" href="https://books.google.com/books?id=SFtUMSXhRWgC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>Cuestiones de Sociología</em></a>, 2- <a title="In Other Words: Essays Towards a Reflexive Sociology" href="https://books.google.com/books?id=Y6KIUp2XLbYC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>In Other Words: Essays Towards a Reflexive Sociology</em></a>, 3- <em>An Invitation to Reflexive Sociology</em>. Los diversos artículos que reúnen estos tres libros provienen principalmente de dos fuentes: entrevistas y conferencias. Esto quiere decir que el lenguaje utilizado es sencillo, y se evitan las interminables frases subordinadas: la lengua oral requiere pocas palabras claras para decir las cosas. En este sentido, estos tres libros son el mejor lugar por donde empezar a leer a Bourdieu.</p>
<p style="text-align: left;">El valor de estas tres primeras lecturas radica en: a) su carácter informativo, b) la exposición general del marco analítico bourdieuniano y c) la muy completa guía a los libros de Pierre Bourdieu que contienen. Sin embargo, se trata de lecturas introductorias. Es decir, hay que seguir leyendo más libros de Bourdieu para entenderlo mejor. En este sentido, complementarias a estas tres primeras lecturas teóricas, hay otras dos. Son ejemplos concretos en los que se aplica el modelo de análisis de Bourdieu. Se trata de los siguientes libros (por orden): 1- <a title="On Television" href="https://books.google.com/books?id=8EO6JMZw5KIC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>On Television</em></a>, 2- <a title="El Campo Político" href="https://books.google.com/books?id=nBuzmkCgYS4C&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener"><em>El Campo Político</em></a>. El lenguaje en el que están escritas estas dos obras sigue siendo bastante accesible, ya que están dirigidas al público en general: <em>On Television</em> es la transcripción de una conferencia sobre periodismo que se emitió por televisión y <em>El Campo Político</em> son varias conversaciones entre Bourdieu, Philippe Fritsch y el público que fue a escuchar la conferencia sobre política que recoge el libro.</p>
<p style="text-align: left;">Después de leer estos cinco libros, ya se puede empezar a pensar en la lectura de libros más difíciles de Bourdieu. Es decir, en la lectura de <em>Distinction</em>. Pero antes de leer este libro, hay que leer los siguientes (siguiendo el mismo orden): 1- <em>Photography: A Middle-Brow Art</em>, 2- <em>Los Herederos</em>, 3- <em>El Amor al Arte</em>, 4- <em>La Reproducción</em>, y, finalmente, 5- <em>Distinction</em>.</p>
<p style="text-align: left;">Llegado este punto, se puede leer el resto de los libros de Bourdieu siguiendo el orden que se quiera, aunque yo recomiendo leer a continuación libros teóricos como 1- <em>Outline of a Theory of Practice</em>, 2- <em>El Sentido Práctico</em> y 3- <em>Practical Reason</em> a fin de entender mejor los aspectos de la obra de Bourdieu que aún no se hayan acabado de entender bien.</p>
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		<title>Vigilancia epistemológica y muestreo</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/vigilancia-epistemologica-muestreo-5474</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 16:26:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Epistemología ciencias soc.]]></category>
		<category><![CDATA[Metodología]]></category>
		<category><![CDATA[Muestreo]]></category>
		<category><![CDATA[Muestreo aleatorio estratificado]]></category>
		<category><![CDATA[Vigilancia epistemológica]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.xaviergimeno.net/es/?p=5474</guid>

					<description><![CDATA[<p>Optar de manera irreflexiva por captar los participantes en un estudio mediante los contactos que hemos establecido en las redes sociales es una muy mala estrategia muestral y puede salirnos muy cara. Tan cara que puede invalidar de raíz la fiabilidad y representatividad de los resultados obtenidos. Optar por esta estrategia sería análogo a efectuar un muestreo de bola de nieve cuando, contrariamente, la estrategia muestral requerida sería un muestreo aleatorio.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Hace unos días andaba yo por mi página de Twitter, y una de las personas a quién sigo publicó un comentario con toda su buena fe. Un amigo suyo estaba realizando un estudio para el máster que estaba cursando y el primero pedía a sus contactos <span id="more-5474"></span>que contestasen la encuesta online de su amigo que estaba colgada en una página web. Obviaré detalles sobre el objeto de estudio, pero diré que desde un punto de vista metodológico el estudio pretendía “tener un conocimiento del panorama actual de este sector [educativo]”. Es decir, que buscaba obtener información representativa sobre temas relacionados con formación. La estrategia muestral más adecuada para conseguir este objetivo es realizar un muestreo aleatorio. Y ahí radica el problema.</p>
<p style="text-align: left;">Pedir “voluntarios”, que serían captados entre nuestros contactos, para que realicen la encuesta de nuestro amigo significa violar de forma rotunda el criterio de aleatoriedad. ¿Por qué? Es muy simple: los contactos se escogen a partir de las afinidades. Es decir, tendemos a tener amigos a los que les gustan las mismas cosas que nosotros: es evidente que los amigos no se escogen de forma aleatoria: al primero que pasa por la calle no se le pide que “sea nuestro amigo”. Sobre esto hay mucho escrito, y una de las mejores obras sobre el tema, que documenta sin ningún tipo de duda esta afirmación es <em><a title="Distinction" href="https://books.google.com/books?id=TJp7hqxQ0SUC&#038;printsec=frontcover&#038;redir_esc=y#v=onepage&#038;q&#038;f=false" target="_blank" rel="noopener">Distinction</a></em>, un <em>tour de force</em> obra de Pierre Bourdieu al que este científico social dedicó quince años de investigación. Se trata de la segunda obra de ciencias sociales más importante de todos los tiempos según la ISA (International Sociological Association).</p>
<p style="text-align: left;">Desde un punto de vista metodológico optar por una estrategia muestral como pedirle a nuestros contactos de Twitter o Facebook que contesten a una encuesta —lo cual sería equivalente a realizar un muestreo de <em>bola de nieve</em>—, cuando en realidad se requeriría un muestreo estrictamente aleatorio, implica que la muestra obtenida no es representativa, lo que significa, desde el punto de vista de los resultados y las conclusiones obtenidas, que los datos no son fiables. Es decir, se violan los criterios de representatividad y fiabilidad. Poco podemos fiarnos de lo que diga ese estudio. Y esto simplemente por escoger mal la forma de captar a los sujetos de estudio y no pensarla con el necesario rigor, ya que se introduce un claro sesgo que está documentado en cualquier manual de metodología de encuestas por muestreo: el llamado <em>sesgo de selección</em>.</p>
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		<item>
		<title>La posición social y el sociólogo</title>
		<link>https://xaviergimeno.net/es/posicion-social-sociologo-5493</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Gimeno Torrent]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 16:24:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Epistemología ciencias soc.]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría social]]></category>
		<category><![CDATA[Autoanálisis]]></category>
		<category><![CDATA[Estructura social]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.xaviergimeno.net/es/?p=5493</guid>

					<description><![CDATA[<p>No todo el mundo puede ser científico social. Como no todos pueden ser futbolistas. Los únicos que hacen realmente ciencia social son los desarraigados sociales como muchos casos demuestran a lo largo de la historia de las ciencias sociales; es decir, los que no están bien integrados en sus grupos de pertenencia y que tampoco tienen grupos de referencia: estos son los que se caracterizan por tener un habitus que, por socialización (algunos dirían 'por naturaleza'), es cognitivamente heterodoxo; es decir, socialmente crítico.</p>
<p>El artículo <a href="https://xaviergimeno.net/es/posicion-social-sociologo-5493">La posición social y el sociólogo</a> se publicó primero en <a href="https://xaviergimeno.net/es">Xavier Gimeno Torrent</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">No todo el mundo puede ser científico social o sociólogo. Como no todos pueden ser futbolistas. Los únicos que hacen realmente ciencia social o sociología son los desarraigados sociales como muchos casos demuestran a lo largo de la historia de las ciencias sociales; <span id="more-5493"></span>es decir, los que no están bien integrados en sus grupos de pertenencia y que tampoco tienen grupos de referencia: estos son los que se caracterizan por tener un habitus que, por socialización (algunos dirían «por naturaleza»), es cognitivamente heterodoxo y socialmente crítico. Pero, ¿por qué son los mejor preparados? Como muy bien dijo Bachelard, la única ciencia que merece ser llamada como tal es la ciencia de lo que no se ve a simple vista, y el desarraigado social es el único que, tras un proceso que suele ser traumático y que consiste básicamente en el hundimiento del mundo dado por supuesto y en una posterior reconversión epistemológica que es una parte fundamental de este proceso —y a partir de la cual se dota de los conocimientos pertinentes para reinterpretarse a sí mismo y al mundo social (lo que significa que tiene la oportunidad de agenciárselos)—, está preparado para pensar a la contra (este proceso se denomina ruptura epistemológica). Es decir, está preparado para desvelar lo que no se ve a simple vista y para, como también apunta Bachelard, salvar las muchas trampas del pensamiento del sentido común vulgar o cultivado. Está bien claro que el mejor preparado para hacerlo es aquel armado con un habitus que por socialización es cognitivamente heterodoxo y socialmente crítico y que, también —y este punto es muy importante—, ha tenido la oportunidad de adquirir los conocimientos que le permitirán resituarse y reinterpretar el mundo, desvelando aquellas relaciones de poder que son invisibles a la mirada de los demás. El desarraigado social que, convertido en descreído, ya que tiene las armas que le permiten no creerse las verdades oficiales a las que contrapone las verdades científicamente construidas de la ciencia, es, pues, el mejor armado para hacerlo. Y así es como se convierte en un verdadero sociólogo.</p>
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