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La posición social y el sociólogo

No todo el mundo puede ser científico social o sociólogo. Como no todos pueden ser futbolistas. Los únicos que hacen realmente ciencia social o sociología son los desarraigados sociales como muchos casos demuestran a lo largo de la historia de las ciencias sociales; es decir, los que no están bien integrados en sus grupos de pertenencia y que tampoco tienen grupos de referencia: estos son los que se caracterizan por tener un habitus que, por socialización (algunos dirían “por naturaleza”), es cognitivamente heterodoxo y socialmente crítico. Pero, ¿por qué son los mejor preparados? Como muy bien dijo Bachelard, la única ciencia que merece ser llamada como tal es la ciencia de lo que no se ve a simple vista, y el desarraigado social es el único que, tras un proceso que suele ser traumático y que consiste básicamente en el hundimiento del mundo dado por supuesto y en una posterior reconversión epistemológica que es una parte fundamental de este proceso —y a partir de la cual se dota de los conocimientos pertinentes para reinterpretarse a sí mismo y al mundo social (lo que significa que tiene la oportunidad de agenciárselos)—, está preparado para pensar a la contra (este proceso se denomina ruptura epistemológica). Es decir, está preparado para desvelar lo que no se ve a simple vista y para, como también apunta Bachelard, salvar las muchas trampas del pensamiento del sentido común vulgar o cultivado. Está bien claro que el mejor preparado para hacerlo es aquel armado con un habitus que por socialización es cognitivamente heterodoxo y socialmente crítico y que, también —y este punto es muy importante—, ha tenido la oportunidad de adquirir los conocimientos que le permitirán resituarse y reinterpretar el mundo, desvelando aquellas relaciones de poder que son invisibles a la mirada de los demás. El desarraigado social que, convertido en descreído, ya que tiene las armas que le permiten no creerse las verdades oficiales a las que contrapone las verdades científicamente construidas de la ciencia, es, pues, el mejor armado para hacerlo. Y así es como se convierte en un verdadero sociólogo.