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Racismo y crisis

Hay dos posibles hipótesis que explican el mecanismo del racismo en contextos de crisis. La primera parece que no es específica de los contextos de crisis y apunta que cuando llegan inmigrantes se producen cambios en la estructura social que serían análogos a la movilidad social ascendente para los grupos autóctonos ya que los inmigrantes pasan a ocupar las posiciones más bajas de la estructura de clase (aunque si se compara la posición que ocupan en la sociedad receptora con la que ocupaban en su sociedad de origen, el balance en cuanto a condiciones materiales de vida es netamente favorable), que eran las que ocupaban anteriormente ciertas clases sociales autóctonas. Esto supone que estas clases sociales autóctonas escalan posiciones en la estructura de clases y rechazan las relaciones con los inmigrantes porque los consideran “de clase baja” o de una clase inferior a la que ahora ocupan: son los “nuevos pobres”. Paradójicamente se trata de la clase que ocupaban anteriormente. Pero esta primera hipótesis no explica el mecanismo de este rechazo ni tampoco da pie a posibles formas de verificarla empíricamente. Desde un punto de vista científico esta hipótesis debería desarrollarse más o rechazarse directamente. Por otra parte es una hipótesis demasiado simple que tampoco permite establecer enlaces entre los niveles social e individual (psicológico).

La segunda hipótesis es bastante más plausible y debería ser considerada más detalladamente. Según esta, en contextos de crisis que reciben inmigración los cambios que se producen en la estructura social son totalmente contrarios a lo que apuntaba la anterior hipótesis. En este caso, los grupos autóctonos ven como a consecuencia de la crisis sus condiciones materiales de vida empeoran. Esto de hecho implica no un ascenso social de estas ciertas clases sociales de autóctonos, sino todo lo contrario: un descenso. Desde el punto de vista simbólico esto supone una importante herida: su orgullo de clase se resiente, ya que su capital simbólico disminuye: se valoran menos y son socialmente menos valorados como clase social que ha visto como sus condiciones materiales de vida empeoraban. El hecho de que lleguen inmigrantes (que en este caso también emigran porque, aunque ocupan las posiciones más bajas en la sociedad receptora, sus condiciones materiales de vida mejoran en relación a las de la sociedad de origen) todavía empeora más las cosas: a ojos de los autóctonos, estos no ven como caen en la pobreza pues ya están en ella. A partir de este momento los inmigrantes pasarán a ser la cabeza de turco contra la que se revelarán estas clases sociales que ven como sus condiciones materiales de vida y su capital simbólico comparativamente y subjetivamente disminuyen más que las de los inmigrantes, pues no es lo mismo para alguien que se ve como “clase media” pasar a ser pobre que pasar a ser un poco más pobre para alguien que ya se ve así: la vergüenza y la indignación de los unos se convierte en la resignación de los otros. Es así como los inmigrantes son vistos como “los competidores” de los “nuevos pobres” que consideran que estos (cuando en realidad la causa de todo esto es la crisis, ya que a los autóctonos les afecta subjetivamente más, y nunca materialmente y objetivamente: la herida moral que se inflige a aquel que pasa de “tenerlo todo” a “no tener nada” o ir justo de dinero es muy grande, básicamente porque las heridas que se infligen a aquellos que nunca han sufrido ninguna son muy profundas, ya que la sobreprotección no ayuda a relativizarlas porque antes no se habían experimentado) les roban sus oportunidades, sus prestaciones y sus puestos de trabajo.

(Extracto del documento El proceso de constitución del Barrio Santa María de Palafolls (en catalán).)